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¿Por qué el perro es "el mejor amigo del hombre"?

Investigadores japoneses descubrieron que cuando estos animales y sus amos se miran a los ojos liberan oxitocina, una hormona vinculada con el apego.
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viernes, 17 de abril de 2015 · 10:58
Un grupo de científicos japoneses realizaron una prueba que consiste en un proceso de enamoramiento entre los perros y sus dueños: cuando se miran a los ojos, retroalimentan su felicidad liberando una hormona vinculada con el apego, la oxitocina.

Los investigadores, encabezados por el veterinario Takefumi Kikusui, metieron a 30 perros con sus dueños en una misma habitación, durante 30 minutos, y observaron lo que pasaba: miradas, caricias. Y, antes y después del experimento, midieron la cantidad de oxitocina, tanto en la orina de las mascotas como en la de los amos.

Las conclusiones de Kikusui, de la Universidad de Azabu (Japón), son reveladoras: cuanto más se miraban a los ojos los perros y sus dueños, más oxitocina producían sus cerebros. A continuación repitieron el experimento con lobos criados en cautiverio, pero la hormona no aumentaba.

En un tercer experimento, rociaron oxitocina en el hocico de algunos perros y los volvieron a meter en una habitación con su dueño y dos personas desconocidas. Algunas mascotas se quedaban congeladas mirando los ojos de sus dueños, que a su vez producían más oxitocina, en una cantidad correlacionada con la de sus animales.

"Estos resultados respaldan la existencia de un bucle de oxitocina que se autoperpetúa en la relación entre humanos y perros, de una manera similar a como ocurre con una madre humana y su hijo", sostiene el equipo de Kikusui, que publica sus conclusiones en la tapa de Science.

Durante el proceso de domesticación, durante miles de años, los perros habrían evolucionado para imitar un comportamiento, la mirada de los chicos, que provocaba recompensas y mimos.

Los resultados apoyan las terapias con perros para personas con autismo o trastorno de estrés postraumático, dos patologías en las que se está empleando la oxitocina como tratamiento experimental.

"El estudio de Kikusui es impresionante, pero cualquier conclusión sobre la coevolución de este proceso es prematura -afirma el húngaro József Topál, experto en comportamiento animal de la Academia de Ciencias Húngaras-. No se puede excluir la hipótesis de que este bucle de oxitocina que se autoperpetúa pueda existir entre las personas y cualquier otro animal, siempre que el animal presente comportamientos afiliativos socialmente relevantes, como la tendencia de mirar a los humanos".
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