¿MITO O REALIDAD?

El curioso caso de Edward Mordrake, el hombre con dos caras

La leyenda urbana cuenta la vida de un joven de 23 años que debido a una particularidad en su físico cayó en depresión y finalmente se quitó la vida.
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lunes, 15 de junio de 2015 · 18:43
La historia de Edward Mordrake es una de las más curiosas e inquietantes de la historia médica. Debido a un problema genético, este burgués tenía un segundo rostro "funcional" en el cuello que le provocó una profunda depresión.

Edward Mordrake, el hombre de dos caras
Edward nació en el siglo XIX, en una fecha que todavía no pudo calcularse. Se sabe con bastante seguridad que era hijo de la condesa de Darlington, en Inglaterra.
 
Probablemente esta situación privilegiada sumada a su condición física le causó el odio y desprecio de la comunidad. Porque Edward Mordrake tenía en realidad dos rostros: uno completamente sano y otro en el cuello, casi en la parte posterior, atrofiado. Pero funcional según cuentan, lo que resulta mucho más inquietante.
 
Si se tienen en cuenta los informes escritos sobre Mordrake, el rostro posterior, de menor tamaño, era bizco y algo deformado pero se movía. Tenía capacidad de sonreír y hacer puchero con la boca independientemente del otro rostro de Edward Mordrake.
 
Menos creíble, aunque también posible, es que siguiera con la mirada. Según cuenta la leyenda, el propio Edward Mordrake solicitó que se la extirpasen pues le susurraba cosas "salidas del infierno". Esto también parece una exageración engordada por los cuentacuentos ocasionales.

Pero lo que sí es cierto es que con 23 años, sumido en una profunda depresión, Edward Mordrake se quitó la vida ahorcándose en el balcón de un piso que había alquilado. Este hecho solo consiguió alimentar la macabra leyenda del segundo rostro de Mordrake.
 
Aunque probablemente la depresión a la que estaba sometido se debiera al rechazo popular, su condición extraordinaria y quién sabe si no a cuestiones fisiológicas. Sobre el otro rostro de Mordrake, nunca sabremos hasta que punto era funcional, aunque es bastante posible que tuviese nervios y músculos que le permitiesen hacer movimiento vagos e imprescisos.
 
Es más, puede incluso que Mordrake estuviese afectado por tics y movimientos espásmicos debidos al rostro secundario. Pero de ahí a que el pudiera ver, oír o sentir hay muchísimo trecho. Al fin y al cabo, era el mismo Edward Mordrake y no otra persona encerrada en el cuerpo del joven.
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