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MAR 22.5.2018 | 16:52 Hs.

SE HABÍA CANSADO DE VIVIR

Con 104 años, fue a Suiza para que le apliquen eutanasia

David Goodall, de Australia, activó el debate sobre el derecho a morir con dignidad. En la mayoría de los países el suicidio asistido no está permitido.

Murió como quería: apaciblemente y escuchando Beethoven. Después de que en Australia le impidieran suicidarse con asistencia, el científico David Goodall de 104 años, viajó para morir a Basilea, Suiza, donde este procedimiento si es legal.

Goodall no tenía ninguna enfermedad, pero consideraba que su calidad de vida había empeorado en el último tiempo, lo que lo llevó a tomar la decisión.

"Habría preferido terminar en Australia y lamento mucho que Australia esté atrasada con respecto a Suiza", dijo en una conferencia de prensa multitudinaria que dio el miércoles en un hotel de Basilea. "No quiero seguir viviendo", añadió.

Según el parte médico, el científico falleció a las 12.30 del día de hoy por la inyección de Nembutal. Fue el mismo Goodall quien abrió la válvula para liberar el producto a base de pentobarbital de sodio, un sedante muy potente que en dosis grandes detiene los latidos del corazón.

El suicidio asistido, organizado por la fundación suiza Eternal Spirit, tuvo lugar en un departamento en el que Goodall murió rodeado de sus nietos y de un amigo. Horas antes compartió con ellos su último almuerzo: pescado frito con papas y pastel de queso.

Ante el interés que despertó este caso, el investigador honorario de la Universidad Edith Cowan de Perth dijo que esperaba que otros países adoptaran esta ley.

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