Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Eugenia Sacerdote de Lustig, la científica que venció barreras, epidemias y discriminación para salvar miles de vidas

Pionera en cultivos celulares en Sudamérica, primera en probar la vacuna Salk en la Argentina e investigadora emérita del CONICET. Su legado inspira a nuevas generaciones de mujeres en la ciencia.
jueves, 12 de febrero de 2026 · 00:15

“La vida de la Dra. Lustig es la historia de una pasión”. Con esas palabras definían en 1991, al otorgarle el Premio Hipócrates, la trayectoria de Eugenia Sacerdote de Lustig, una mujer que transformó obstáculos en oportunidades y abrió caminos impensados para la ciencia argentina y regional.

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, su nombre resuena como faro de resiliencia, excelencia y compromiso.

Su historia comenzó en 1931, cuando con 21 años logró ser una de las cuatro mujeres admitidas en la Facultad de Medicina de Turín, entre 500 postulantes.

Ese primer desafío fue el umbral de una carrera signada por la superación, ya que sobrevivió a la persecución racial, al exilio y a la indiferencia de un ámbito científico que durante décadas le negó el lugar que merecía.

Pese a todo, se convirtió en una de las primeras investigadoras del CONICET en 1961 y alcanzó la máxima categoría como Investigadora Superior.

Sacerdote de Lustig introdujo en Sudamérica la técnica de cultivos celulares, una herramienta clave que aplicó tanto en la investigación oncológica en el Instituto Roffo como en el diagnóstico viral en el Malbrán.

Durante la epidemia de poliomielitis que azotó al país en los años ’50, fue becada por la OMS para capacitarse en Estados Unidos y Canadá en el desarrollo de vacunas.

A su regreso, dio un paso que marcó un antes y un después: se aplicó la vacuna Salk a sí misma y a sus propios hijos, para luego convertirse en la primera en administrarla a niños argentinos.

A lo largo de su carrera, publicó alrededor de 180 trabajos científicos en revistas nacionales e internacionales y formó equipos de investigación que llevaron su sello de rigor y humanismo.

Su labor fue reconocida con distinciones como el Premio KONEX, el galardón Alicia Moreau de Justo, la designación como Ciudadana Ilustre porteña y la condecoración Cavaliere por la República Italiana.

Hasta sus últimos días, ya ciega y con 101 años, continuó investigando sobre enfermedades neurodegenerativas junto a su equipo.

Eugenia Sacerdote de Lustig falleció el 27 de noviembre de 2011, pero su legado permanece intacto. Su vida no es solo un capítulo de la historia de la medicina argentina: es una invitación permanente a que las niñas y jóvenes elijan la ciencia sin pedir permiso, con la certeza de que el conocimiento es también un acto de valentía.

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