Superior Tribunal de Justicia

La ampliación de la Corte constituye una nueva oportunidad para Tierra del Fuego

viernes, 6 de noviembre de 2020 · 13:19

Bien o mal, con acuerdos y enojos, finalmente se amplió el número de integrantes de nuestro Superior Tribunal de Justicia, de 3 a 5 cortesanos. Con ello, se abre una nueva oportunidad para que la sociedad fueguina vuelva a percibir a la justicia como cercana y propia.

No es ninguna novedad que el común de los ciudadanos tiene un mal concepto del Poder Judicial, como sucede a nivel nacional, donde este poder es, quizás y según las encuestas, la institución más desprestigiada. Más cerca, en nuestra Provincia, han existido algunos casos de corrupción, pero –en general- el sistema ha funcionado bastante bien, y quienes se lo merecían fueron apartados de sus cargos.

No obstante, quien quiera preguntar, advertirá que la población observa al Poder Judicial como una institución distante de su realidad y de sus sinsabores, donde los privilegios son moneda corriente.

Ciertamente, el “pecado original” de este Poder Judicial, que fue su apartamiento claro de la norma constitucional contenida en el art. 73, inc. 4 de la Constitución Provincial, que dispone que los sueldos de los funcionarios no pueden sobrepasar –en ningún caso- el salario del gobernador, contribuyó mucho a ello.

Pero no fue lo único. La posibilidad de optar por una obra social fuera de la prevista para todos los funcionarios, una feria judicial extendida en demasía, jubilaciones anticipadas merced a la nefasta ley Nº 460, que puso en jaque a nuestro sistema jubilatorio, y otros “trapitos” que por estar muy al sol son innecesarios sacar, han contribuido a este sentimiento colectivo.

Pero, además de estos hechos que hablan por sí mismos, la propia conformación del Poder Judicial, evidencia una deficiente empatía con la sociedad.

Para ponerse en la situación emocional de otro, es necesario –por lo menos- conocer de qué estamos hablando y haber sentido como el otro, para luego acompañarlo en ese sentimiento.; de ahí que la conformación de todos los poderes debe ajustarse, en la medida de lo posible, a la propia conformación de la sociedad, y es por ello que se exige -y es bueno y necesario que así sea-, que ambos sexos integren proporcionalmente los cargos en el Estado.

Pero esto no es todo ¿Puede alguien que solo ambiciona un buen pasar y la búsqueda de un provecho propio rápido a costa del lugar donde “oficialmente” reside, sentir como la mayoría de los que allí viven? La respuesta fluye sola.

Pero más que una respuesta, analicemos qué sucedió hasta ahora: todos los jueces del Superior Tribunal fueguino –con excepción de los actuales, y de quien fuera nuestro primer abogado fueguino, el Dr. José Antonio Salomón-, nunca pensaron siquiera radicarse en Tierra del Fuego. La mayoría ni se molestó en comprarse una vivienda, y algunos ni siquiera un auto.

En el extremo, alguno hasta vivía en algún hotel, siendo ese su “domicilio real” de martes a jueves, con las variaciones que imponía el cargo.

Es obvio entonces que ellos no estaban atados a nuestra suerte, y era lógico que actuaran como lo hicieron; es decir, avalando normas que los beneficiaron, en perjuicio del resto (que somos nosotros, estimado lector, por si alguien tiene dudas).

De ahí que quienes amamos y apostamos a esta soñada Isla, debemos exigir que los que pretendan integrar nuestro Superior Tribunal de Justicia, tengan un compromiso probado con el lugar donde deberán ejercer tan digna función, y para ello, nada mejor que tener atada su vida a esta Tierra.

Para una justicia empática, que sienta como nosotros y que nosotros sintamos como nuestra, necesitamos que quienes la encabecen ya sean parte nuestra.

Esperemos que quienes tienen la tarea de designarlos lo vean así y eviten los errores del pasado.

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