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Los usuarios de WhatsApp en Brasil sufrieron un bloqueo. ¿Por qué?

Atrás del bloqueo quedaron millones de afectados y, a la larga, no cumplió su papel de penalización.
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jueves, 17 de diciembre de 2015 · 20:50
Facebook pidió la eliminación la orden de un juez brasileño. Es poco probable que hubiera hecho lo mismo en Estados Unidos.
 
La Justicia brasileña le advirtió que habría una penalización. Finalmente la aplicó: 48 horas de bloqueo. Dado que la información que podría albergar WhatsApp es muy importante para la investigación de un crimen, la medida podría tener algún sentido.

En mi opinión, sólo la primera mitad del razonamiento es cierta. Los metadatos en manos de WhatsApp podrían ayudar a los investigadores.
 
Pero bloquear un servicio que usan 100 millones de brasileños equivale a dinamitar el edificio para terminar con la humedad. En muchos casos, además, bloquear este mensajero, que también es inmensamente popular en la Argentina, puede poner en riesgo vidas, porque su uso permitió todas las actividades, desde el texto insustancial hasta el contacto entre padres e hijos o entre profesionales de toda clase.
 
Por eso, otro juez levantó luego de medio día el bloqueo.

Lo he dicho en muchas ocasiones, y aquí va de nuevo: Internet (y toda cosa digital, para el caso) no responde a la misma mecánica clásica, a la geometría euclidiana a la que están habituados los magistrados, la clase política y los funcionarios en general.
 
Un millón y medio de usuarios se pasaron, en las primeras horas del bloqueo, a Telegram, un mensajero cifrado que tuvo su origen en Rusia. ¿Por qué lo hicieron? Simple: porque pueden. Porque la tecnología siempre ofrece alternativas.
 
Más allá de las leyes sobre neutralidad de la Red, más allá del desideratum comprensible de la Justicia (insisto: Facebook en EE.UU habría respondido al pedido de un juez), el hecho de que la información se haya transformado en números, en bits, y que prácticamente todo el planeta esté cruzado por una red que sólo transmite esos bits, hace que sea cada vez más difícil que una penalización a la antigua (el bloqueo, la faja de clausura) cumpla su cometido. Mark Zuckerberg, de hecho, salió a decirle a los brasileños que entre tanto podían usar el Mensajero de Facebook. O sea que el bloqueo se convirtió en agua para su molino.
 
Y para el de Telegram, un servicio mucho más opaco para las autoridades.

El juez que bloqueó WhatsApp actuó de buena fe, pero pensando en un mundo que ya no existe. No es que no se pueda penalizar a Facebook por desoír los pedidos de la Justicia.
 
Pero el bloqueo no es una opción. Afecta a millones de personas y los que se aprovechan de Internet para cometer ilícitos pueden encontrar opciones rápidamente.
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