POR RICARDO FEDERICO MENA

El perro del fin del mundo

No se sabe a ciencia cierta el origen de esta raza de animales, hoy una curiosidad biológica. El Cannis Pseudalopes Lycoides Tal es el nombre científico del único animal doméstico de los habitantes de la Tierra del Fuego. En realidad no se sabe a ciencia cierta el origen de esta raza de animales, hoy una curiosidad biológica que sólo se encuentra en el museo de Estocolmo según lo refiere el investigador Vilches.
viernes, 02 de enero de 2015 · 09:03

No se sabe a ciencia cierta el origen de esta raza de animales, hoy una curiosidad biológica

(Por Ricardo Federico Mena).- La especulación más acertada es que la domesticación de este animal ocurrió hace nada menos que 2.000 a 5.000 años. La especulación proviene a partir de un grupo de cachorros de zorro colorado apresados por la tribu de cazadores Selk´nam. También se supone que eran tan antiguos que coexistían con gliptodontes y caballos enanos. Según refiere la antropóloga francesa Anne Chapman citada por Vilches, los Selk´nam, eran una tribu virgen al contacto con hombres blancos que habían comenzado a colonizar la isla a partir del año 1880. Eran atraídos por la extracción del oro aluvional y por las muy ricas pasturas existentes, apropiadas para la alimentación de las ovejas.

Estos animales se adaptaron perfectamente a las costumbres de los aborígenes de la zona, donde aparte coexistían tribus Yámanas y Alakalufes entre otras. El perro fueguino se convirtió en un arma ponderable utilizada por los Selk´nam habitantes de la Isla Grande desde hacía apenas 10.000 años. Eran entrenados para la caza del guanaco que les proveía de carne y cuero. Los Yámanas que eran canoeros y pescadores, llevaban siempre alguno de estos canes en sus canoas con los cuales procedían a la caza de zorros, guanacos y nutrias. Era un perro de un feroz instinto de caza y también un guardián insobornable del espacio doméstico de los aborígenes. El hombre blanco colonizador, exhumó viejas astucias y pronto comenzó a canjear perros europeos pastores, mansos por los bravos canes fueguinos. Con la mestización pudo sosegarse el coraje de aquellos guardianes. A menudo se los mataba cuando cazaban las ovejas. Este perro llamó la atención de los primeros españoles que pisaron el sur patagónico por la falta total de pelaje.

El etnólogo australiano Gusinde, pudo comprobar que muchos de estos animales salvajes, se refugiaron en un rincón de la Estancia Vicuña. Como el daño que hacían a las ovejas era enorme, se los declaró enemigos, por lo tanto eran cazados sin piedad. Los cueros que se encontraron revelaban ya las cruzas con otras razas. A simple vista podía determinarse cuales eran las sangres extranjeras con las que se habían cruzado. Las culturas autóctonas también iban desapareciendo junto a los perros. Eran a saber por las fotografías tomadas por los viajeros europeos, de una fisonomía más parecida a su pariente más cercano,- el zorro colorado patagónico- que al lobo europeo. Un viajero famoso, el Comandante inglés Fitz Roy, describe e indica que eran animales de cuerpo esmirriado, orejas muy paradas, muy nerviosos y muy parecidos a una imaginaria cruza entre terrier y zorro. Los colores parecían ser variados y tan pronto eran blancos con manchas negras, marrones o pelambre gris hirsuta. Tenían según Fitz Roy, citado por Vilches, paladar negro, hocico angosto como el zorro y la cola sedosa con inclinación hacia arriba. Otra descripción los presenta como perros fastidiosos y agresivos.

 

 

El naturalista francés Pierre Hyades, consiguió que unos indios Yámanas le cedieran un par de cachorros de esta raza. Los cuales fueron llevados a París. Sus nombres indígenas eran Tapán y Katekita. Los dibujó, y en su descripción manifiesta lo siguiente: "tomado desde su pequeño talle , el perro fueguino-dice con orgullo de sus perros- se destaca por sus orejas derechas, grandes, muy puntiagudas; además tiene el aspecto de un animal más bien salvaje que doméstico, que lo hace parecer a un chacal. El color de su pelaje es extremadamente variable, puede ser uniformemente de un gris leonado o marrón. Con frecuencia también el color blanco forma el fondo, y el cuerpo está veteado de manchas negras como Tapá, o leonadas como Katekita.

La maldad humana se pone una vez más de manifiesto cuando un francés que transitaba por la Isla Grande Tierra del fuego, alcanaza divisar en las orillas del mar una familia Selk´nam, que pescaba tranquilamente junto a su perro. Los tomaron prisioneros y fueron llevados como animales a Francia donde fueron expuestos en un "Stand del Jardín de aclimatación” de París en el año 1899. Repitiron la "hazaña” en Londres y Bélgica, pero finalmente fueron apresados El regreso no fue menos cruel, pues los pocos que quedaron de lo once apresados sólo volvieron cuatro. No pudieron resistir las enfermedades de los blancos para lo las cuales no estaban inmunizados. Sobre el perro, nadie supo dar noticias, pero se supone que regresó a cazar guanacos junto a la reducida comitiva de hombres Selk´nam. Entre los prisioneros fueron mujeres adolescentes, y niños. Para llamar más la atención y presentarlos como salvajes, fueron encerrados en jaulas harapientos y sucios.

En definitiva el rol de los perros del fin del mundo era extremadamente importante, pues en las tribus Selh´nam, eran tenaces perseguidores de los guanacos a lo que ocasiones saltaban a sus cuellos cortando las grandes arterias, mientras los hombres terminaban la faena rematándolos a flechazos En el caso de los cazadores- pescadores, los perros husmeaban las madrigueras de las nutrias, mientras que aquí, la mujer desempeñaba un papel preponderante, pues era la encargada de mantener encendido el fuego en las canos para poder soportar el frío intenso de los mares del sur. En las tribus mencionadas el paso de la niñez hacia la adultez, iba siempre acompañado por el obsequio de un perro.

Este maravilloso can, considerado el único animal doméstico de la América india, fue desapareciendo luego de haber sobrevivido cientos de años en acompañamiento del indio. Fueron desapareciendo paulatinamente, acosados por el avance del blanco con sus estancias, y por la muerte a bala o veneno de los estancieros que no podían dominar su instinto y voracidad.

Uno de los viajeros extranjeros, Fred Lawrence citado por Hyades y Gusinde y reproducido en Todo es Historia describe al perro autóctono:

"Era de talla mediana, su pelo era áspero, hirsuto, de longitud mediana, su color predominantemente marrón, con manchas grandes y claras, distribuidas en forma despareja. Su cabeza algo inclinada hacia adelante, terminaba en un hocico largo y afinado, las orejas eran rectas, finas, de tamaño mediano y puntiagudo, los ojos oblicuos. La cola larga y espesa de arrollaba un tanto hacia arriba. Estos animales poseían todos una constitución fuerte y robusta, a la vez que eran delgadas y flexibles. Todavía en 1924 algunos indios comparaban el perro autóctono con el zorro grande que sólo, era un poco más pequeño que aquél”

El mundo cada vez más cambiante, va haciendo desaparecer especies valiosas, por el avance de la civilización sobre el hábitat de las especies que, para salvaguardarse se confinan en ámbitos cada vez más estrechos, hasta que la muerte los atrapa, haciéndolos desaparecer.

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