POCO INVIERNO EN EL FIN DEL MUNDO

No nieva, pero hace frío

El 2016 parecía esperanzador en materia invernal para el Fin del Mundo, durante la temporada de invierno y de mayor flujo turístico. La sorpresa es que la ciudad capital y la provincia padeció de jornadas muy muy frías pero con poca nieve. Aquí una explicación profunda del fenómeno.
martes, 02 de agosto de 2016 · 00:00
Dicen y es un hecho comprobado que cuando hace mucho, mucho frío las nevadas son poco eficientes y se generan pocas precitaciones sólidas amplias y generalizadas, contradiciendo la idea básica y previa de que podríamos tener en mente: a más frío, más nevadas, siempre y cuando exista precipitación.

Este hecho, explican los expertos acontece muy a menudo y es fuente de grandes desilusiones para muchos, al pensar o asociar que la irrupción del aire frío es sinónimo de, o lleva implícitamente asociado, nevadas intensas. También es verdad que en las regiones de latitudes muy altas y zonas elevadas las nevadas pueden ser copiosas con temperaturas que pueden llegar a varias decenas de grados bajo cero.
 
Entonces lo qué ocurre tiene respuestas con dos vertientes complementarias básicas. Una, "Aire muy frío seco, pero sin humedad". 
 
La explicación a ello es que "por una parte las irrupciones de aire frío no tienen porque llevar asociado nevadas, o mejor, aun, precipitaciones". Todo depende del origen y evolución posterior de la irrupción de dicho aire. Cuando la irrupción de aire tiene su fuente u origen en regiones continentales y en su recorrido NO lleva asociado una "carga” de combustible para generar precipitaciones, las masas de aire que llegan a una zona determinada son demasiado secas como para generar precipitaciones sólidas generalizadas.

Localmente, puede haber realce de la precipitación provocado por la orografía: nieva en zonas altas de las laderas que miran al aire que está irrumpiendo o en zonas muy altas.

O puede nevar allí donde, localmente, pueda haber un aporte adicional de humedad acompañado con mecanismos de ascenso forzado: las zonas costeras que reciben la oleada muy gélida pueden ser áreas proclives a nevadas locales e intensas.

La otra variable es "Frío sí, pero con la humedad adecuada".
 
La explicación ronda en que "cuando el aire se enfría a temperaturas muy bajas su capacidad para mantener en su seno humedad, disminuye". El resultado es que si el aire es extremadamente frío, su capacidad de evaporar o mantener vapor de agua en su seno es muy bajo. Nevadas a –10 ó –20 ºC son, potencialmente, poco significativas. En otras palabras, la cantidad de vapor de agua que puede mantener el aire es poco significativa, cuando éste se encuentra a temperaturas muy bajas.

En las irrupciones de aire frío polar continental conducidas por vientos del intensos NE en casi todos los niveles, los procesos fundamentales e iniciales son los de transporte advectivo u horizontal. Las corrientes verticales no suelen ser las predominantes o son menos significativas que las horizontales. La poca cantidad de vapor de agua en suspensión, que ya de por si lleva dicha masa, genera escasas nubes y son poco eficientes en cuanto a precipitación. 

El principal requerimiento para que nieve es que el aire sea enfriado por debajo de la temperatura de saturación del hielo en la nube: por debajo de ese valor, la humedad sobrante se convertirá en hielo.
 
De esta manera ya se podría producir la nevada, pero antes existe otro requerimiento, como lo es el llamado "flujo retrogrado" que va hacia el "desplazamiento en los oestes" allí un cambio significativo.

Cuando esta masa de aire deja de retroceder y se ve impulsada y a mantener un flujo de los oestes, se suelen dar otros mecanismos adicionales que favorecen, parcialmente, las condiciones para generar movimientos verticales. Es, en ese paso entre desplazamiento retrogrado (NE-SW) a desplazamiento en los oestes, cuando se pueden generar ciertos movimientos ascendentes que, a la postre, eleven el aire para enfriarlo más y así permitir que el posible exceso de humedad se libere en la atmósfera dando lugar a nubes y precipitaciones.

Este hecho no presupone la existencia de nevadas copiosas pues la masa de aire en origen es fría y seca: el contenido del vapor de agua que se libera para formar la nube sigue siendo bajo.

A temperaturas muy frías, muy por debajo de os 0º C, se pueden formar cristalitos de hielos que en condiciones mucho frío crecerían al contactar y unirse unos con otros. Pero al ser las temperaturas tan frías, los copos y cristalitos sólidos tienen una capacidad muy baja de permanecer unidos, permaneciendo casi independientes y, por lo tanto, con el mismo tamaño. Esto, a su vez, hace que los cristales o copos de nieve no crezcan y sean arrastrados por el viento que los mantienen en suspensión.

Solo en los lugares donde exista un forzamiento local, un aumento local de la humedad, condiciones menos frías, etc.. se podrán generar nevadas algo más significativas.

Los grandes sistemas nubosos o borrascas activas con sistemas frontales bien definidos, desde el punto de vista térmico y de humedad, son los más proclives a generar grandes nevadas cuando las temperaturas en su seno son bajas o las precipitaciones que abandonan al sistema precipitante deben pasar por capas en niveles bajos con temperaturas frías. En este caso, la nevada se produce cuando el aire pre existente muy frío y seco recibe un aporte de humedad y precipitación (sólida o líquida) que le llega desde arriba y por un agente atmosférico diferente a él.

El otro factor que interviene para que la nieve llegue al suelo es el asociado a la existencia de la suficiente humedad por debajo de la nube como para que los cristales de hielo sobrevivan en su caída y/o crezcan, no permitiendo que en su caída los copos de nieve desaparezcan.

Mientras que las precipitaciones pueden evaporarse, en primer instancia y al atravesar la capa fría y seca, está se ira humedecido por advección vertical, llegando, en un momento dado, a permitir que la precipitación sólida llegue al suelo.

Por lo tanto, el aire muy frío en origen puede ser, a la vez, muy seco, como el que suele proceder de Rusia y Siberia. En estas condiciones, la capacidad de aumentar su contenido de humedad en su seno se ve mermado por poseer temperaturas muy bajas. Si además, existen corrientes verticales, la capacidad de crecimiento que tienen las pocas partículas sólidas (cristalitos de hielo) al chocar unas con otras es muy baja, impidiendo un crecimiento efectivo que haga que se transformen en copos de nieve significativos. Solamente, allí donde se den condiciones especiales (aporte de humedad, convergencias locales, disminución de las temperaturas muy frías, etc) se podrán dar mecanismos que tiendan a aumentar el tamaño y crecimiento de los copos de nieve.

Las grandes nevadas se dan normalmente en un rango de temperaturas próximas al nivel de congelación, y eso incluye a las positivas como negativas.

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