“LOS CHICOS NO QUIEREN SALIR DE LA CAMA POR EL FRÍO”

Dramática situación de una familia de Río Grande

Jessica Escalante y sus tres chicos reflejan uno de los tantísimos casos de familias que no tienen servicios y que padecen situaciones extremas. Recurrió a los medios para solicitar ayuda, porque tiene una hija con un riñón ectópico y el frío le incrementa los padecimientos propios de su patología.
lunes, 05 de mayo de 2014 · 07:22
Jessica Escalante Vera es una joven fueguina de 26 años, madre de tres hijos; Cristina (9), Sebastián (7) y Lara (5), quien padece de un riñón ectópico, actualmente ubicado en la zona de la pelvis y él cual le produce importantes dolores. Hoy la nena, además de los inconvenientes propios que le produce el riñón fuera de lugar, sufre por el frío que tienen dentro de una casa que no cuenta con el servicio de gas natural y que deben calefaccionar de noche con leña, y de día con una pequeña hornalla que se abastece con un tubo de gas que debe regularse, porque Jessica está desocupada y perdió el subsidio ya que hasta hace unos meses tenía empleo.

Hoy debería iniciar nuevamente el trámite para acceder al subsidio, pero apenas logra llevar a los chicos a la Escuela 32, ubicada muy lejos del Barrio Argentino donde viven, porque no cuentan con dinero y el transporte lo hace su abuela en un viejo automóvil. "A veces me quedo toda la mañana dentro del auto, esperando que los chicos salgan de la escuela, para ahorrar un poco de nafta”, relata la mujer, mientras dicen que no pueden acceder a vacantes en la Escuela 4, mucho más cercana a su casa.

El  caso tomó trascendencia a través de una entrevista por FM "Aire Libre”, la semana pasada, y logró algunos aportes de ropas y frazadas de gente solidaria. Pero la necesidad mayor pasa por una vivienda y un trabajo, objetivos que parecen lejanos para la joven mujer.

Jessica cuenta que la vivienda donde duermen, amuchados con sus tres hijos para sobrellevar él frío, las construyeron ella y su madre "pidiendo materiales de algunas obras que se estaban demoliendo”. Con inocultable orgullo relatan como vienen sobreviviendo, apoyándose entre los hermanos para mejor resistir a los tiempos difíciles. 

"Ésta casa la construimos con mi mamá cuando estaba embarazada de Lara, hace seis años ya. La construimos como pudimos, con lo que conseguimos, con materiales que nos regalaron. Entra agua por varios lados”, cuenta la joven.

Sobre su situación relata: "Yo estoy viviendo sola con los tres chicos, estoy embarazada y sin trabajo desde hace un par de meses. Soy fueguina, mis tres hijos nacieron acá y estoy orgullosa de la casa que construí con mi propio esfuerzo”, pero en ese lugar no tiene las necesidades mínimas para sus chicos, sobre todo para la más pequeña.

"Pido una casa con calefacción, con agua potable, que ellos no tengan frío. No se quieren levantar de la cama por el frio, y Lara se hace pis todo el día, tiene calambres, le duele la panza”, dice Jessica, antes de romper en llanto.

En el IPV le piden una serie de trámites para inscribirla, pero tampoco tiene dinero para realizarlos. Se pregunta por la función social que debería tener el instituto de la vivienda y por las casas destinadas a familias con problemas sociales como el suyo. Mientras tanto, la solidaridad sigue apareciendo desde abajo, desde sus propios vecinos, aunque no alcance. 

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