EL MISTERIO DEL PETISO OREJUDO

El primer asesino serial argentino

Entre los 8 y 16 años, mató a cuatro chicos y lo intentó con siete. Murió en la cárcel del fin del mundo y ni siquiera se sabe bien cuáles fueron las causas.
lunes, 25 de enero de 2016 · 06:14

Gran parte de la historia del Petiso Orejudo, primer asesino serial argentino, continúa siendo un misterio. Entre los 8 y 16 años, mató a cuatro chicos y lo intentó con siete.

 

Badiha Sebih, de TN.com.ar, realizó un informe sobre la curiosa historia de este personaje. Según narra, lo enviaron al fin del mundo, donde le operaron las orejas para revertir su conducta. Cuando abrieron la tumba años después de su muerte, no estaban sus restos.

 

Contaron que los buscaron y que "sólo dieron con un fémur transformado en el pisapapeles de un alto directivo penitenciario”. Arriesgaron a decir que se hicieron humo, que los vendieron, que andan por el mundo, que no se sabrá jamás.

 

Sebih cuenta que "la figura de Cayetano Santos Godino, para todos el "Petiso Orejudo", el que genera admiración e intriga, el que asusta y seduce, el asesino piromaníaco de chicos, el primer serial de la historia policial argentina, está rodeada de enigmas. La lejanía de su prontuario delictivo plasmó interrogantes sin resolver que, para muchos, son deliciosos. ¿Cómo murió realmente? ¿Qué le pasó? ¿Y sus huesos? ¿Dónde están? ¿Están?”.

 

"De estar, estaban. Estaban en su tumba, pero sí se llevaron algunas cosas como suvenires, la placa con su nombre, la cruz de madera, que hace años recuperé", le contó el licenciado Carlos Pedro Vairo, el director del Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia, el lugar adonde alojaron al Petiso en 1923 tras pasar años internado en el hospital psiquiátrico Las Mercedes (actual Borda) en Barracas. "Se dice que los huesos se usaban como pisapapeles, pero el gobernador marítimo de ese entonces (a quien se acusaba de llevárselos), Justo Padilla, me lo negó cuando lo visité", señaló.

 

"En 1902, en el fin del mundo, empezó a funcionar el presidio militar que en 1920 ya se llamaba el Presidio Nacional. Lo construyeron los presos durante 18 años para albergar delincuentes reincidentes, los de alta peligrosidad y presos políticos. Ese fue el último lugar elegido para Santos Godino. Murió allí a los 48 años, en 1944. Tres años después el presidio cerró sus puertas y, esa clausura, desencadenó la ¿leyenda? de la profanación de la tumba del nene más malo que tuvo la Argentina”, continúa Badiha.

 

Según despejó Vairo, los huesos de las tumbas se llevaron a una fosa común que está en el cementerio viejo de la ciudad, "a diez cuadras del penal". La calle -en esas décadas- era la San Martín, hoy conocida como Maipú. "Lo del robo no deja de ser fábula porque no hay mucha historia escrita, y es normal que se generen recuerdos vagos", cerró el museólogo.

 

El historiador Leonel Contreras, uno de los profesionales que más conoce sobre el homicida después de sus dos libros sobre él ("La leyenda del Petiso Orejudo" y "El Petiso Orejudo, documento final"), fue testigo de estos rumores: "Cuando estuve en Ushuaia vi una tumba en el cementerio de pobladores viejos, entrás y está ahí nomás, pero un periodista grande de allá me dijo que la tumba estaba en otro lugar y que los restos también estaban en otro lado".

 

"Golpizas. Gatos. Venganza. Más incógnitas. Nuevas especulaciones. Sobre la misteriosa muerte de Santos Godino, Vairo y Contreras cruzaron versiones y posibles causas”, cuenta Sebih. Y continúa "el primero precisó que el documento oficial del presidiario detalla que el causal de muerte fue un ‘derrame de sangre interno’ que habría sido provocado por una paliza cuando tiró el gato del pabellón dentro de una estufa. Tampoco se descarta, remarcó Vairo, que el deceso del Petiso haya sido por tuberculosis o una úlcera gastrointentinal que padecía”.

 

Fuente: tn.com.ar

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