"Soy pobre, siempre lo fui", aclaró

Le niegan un mate a una docente humilde porque "no puso para la yerba"

Se trata de Belén Giménez, una joven educadora que manifestó haber sido discriminada por sus propios "colegas", por su status social, en la sala de profesores. "Me refregaron en la cara que soy pobre", se lamentó la treintañera, cuya historia se hizo viral en las redes sociales.
martes, 5 de noviembre de 2019 · 21:19

Un increíble y desagradable episodio de discriminación le tocó vivir a una docente de 32 años en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, luego de que sus propios compañeros se rehusaran a convidarle un mate, porque ésta "no aportó dinero para comprar la yerba".

 

La protagonista de esta historia que hizo explotar las redes sociales es Belén Giménez, quien se desempeña como profesora en una escuela secundaria de la hermosa capital entrerriana. Tal fue la amargura que padeció la educadora, que -días atrás- se explayó con detalles sobre lo sucedido en su cuenta de Facebook.

 

"Me negaron un mate en la sala de profesores de una escuela. Me cerraron el pico del termo y me lo sacaron, porque yo no colaboro con la yerba. No es necesario aclarar que esa yerba iba derecho al tacho de basura, porque ya estaba usada y todos debíamos entrar a clases. Perdón por tomar algo usado", manifestó Giménez.

 

En este sentido, la joven docente reveló que "es pobre y que siempre lo fue" y explicó que, como no puede seguir colaborando para comprar los insumos, siempre "se lleva hasta el papel higiénico" de su casa a la Escuela.

 

"No solo sé que soy pobre, sino que me lo refregaron en la cara. Siempre lo fui, mi familia lo es, siempre viviendo con lo justo y necesario para sobrevivir. Me sentenciaron a no tener derecho a un mate porque no pongo plata, pero un colega que lo preparó me convidó y me lo dejó cuando se retiró del lugar", afirmó Belén.

 

Además, esta humilde entrerriana narró como el hecho de tener que salir a trabajar le quitó horas de estudio, al tiempo que el estudio le impidió buscar un buen trabajo, habida cuenta que se tuvo que conformar con algo de medio tiempo.

 

"Mis alumnas me miraban creo que asustadas, estaban serias. Hasta que una de ellas me preguntó qué era lo que me pasaba, por qué estaba rara. El aula parecía un cementerio, nunca hubo tanto silencio", siguió Giménez.

 

"Les dije como pude, como el nudo en la garganta me lo permitió que, antes que nada, nuestra situación económica, religión, pertenencias, somos humanos.  Y que nunca debemos darle la espalda a ese otro que está al lado, por ética, por ser humanos. Igualmente tengo un techo y tengo comida. Mala, muy mala, pero me permite andar", cerró la profesora discriminada, quien recibió el apoyo de la comunidad.

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